Eduardo Gularte, Director de Transur Trading.
Los combustibles alternativos han llegado para quedarse y nuevas alternativas llegan y llegarán en los próximos años para intentar detener el cambio climático y proteger nuestro planeta.
Es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos, ya que nuestras principales fuentes de energía que se mantienen funcionando la industria y el transporte, es responsable de la contaminación por dióxido de carbono, la causa número uno del efecto invernadero.
Esta contaminación es causada por el principal componente de los combustibles convencionales: el carbono. Hay alternativas en desarrollo para generar nuevas formas de combustible y evitar la lenta caída de nuestro planeta.
Los combustibles alternativos son combustibles derivados de otras fuentes que no sean el petróleo y los cuáles su origen ayudan con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono.
Los más populares en la actualidad son el gas natural y el biodiesel, que producen una cantidad de gases de invernadero mucho más baja. Per se trabaja incansablemente para generar un combustible cuya emisión de estos dañinos gases sea cero. Así es como se desarrolla el hidrógeno verde.
El hidrógeno por es una buena opción como combustible ya que es amigable con el ambiente y el residuo de su uso es vapor de agua. Con esto, el impacto ambiental de este combustible llega a cero, y es la opción óptima. Pero el principal inconveniente que impide su desarrollo y uso masivo de esta fuente de energía es su alto costo de producción.
La tecnología para producir hidrógeno verde continúa expandiéndose en el mundo, y se estima que para mediados de la década del 2030 este sea ya realidad, una parte importante del suministro de combustible y la elección de las más grandes industrias en el mundo.
